domingo, febrero 12, 2006

Primer heroe: Helado de vainilla

Lo conocí como a los 4 años y medio, si mal no recuerdo. Era un día de lluvia y sol de esos que hay pocos. Arco iris y aire limpio redondeaban la escena. Había perdido mi casco de bombero, sentí que toda mi niñez terminaba ahí, ese casco me había acompañado en innumerables batallas, incendios y aventuras en el patio trasero de mi casa.

Llevaba ya mas de medio día llorando y buscando sin poder encontrarlo. Al parecer nadie le tomaba la debida importancia a mi tragedia, solo respondían a mis acuciosas preguntas con un: ¡No se! O ¡Por ahí estará busca bien! Continué mi búsqueda infructuosa hasta pasada las seis de la tarde. Cuando decidí en venganza robar unas monedas e ir a la tienda de la esquina. Y fue allí donde conocí a mi héroe favorito el HELADO DE VAINILLA.

El helado de vainilla tiene un efecto mágico en mi, puede hacerme sonreír idiotamente durante todo el proceso: desde comprarlo hasta terminarlo y saborear mis labios impregnados de el.

Mezcla de elixir y placer perdido en la memoria de alguna otra vida, episodio de mi programa preferido o estribillo de mi canción favorita.

La primera lamida es un orgasmo para mis papilas gustativas que ya para ese momento tienen la suerte de ser multiorgasmicas; mientras sostengo el cono solo puedo pensar en la suerte que tengo de encontrar este sabor a donde voy, o mejor aun en la suerte que tengo de que a alguien se le haya ocurrido tamaña idea de congelar este sabor tan fabuloso. Otras ideas aun más geniales suelen atacarme por sorpresa mientras la paso tan bien con mi maravillosa espada de vainilla en las manos. Una de ellas es recurrente: Ser vendedor de helados, imagínense la cantidad de sonrisas al día que podría conseguir, obviamente incluyendo la mía. Otra ocurrencia es ¿debo congelar a mi novia bañada en vainilla? así podría lamerla de a pocos. Y la más descabellada es que las remuneraciones de todos los trabajadores del planeta deberían venir acompañadas con una bonificación única para la compra de helados para todo el mes, con la exclusividad de que sean utilizadas únicamente en sus hijos y así fomentar una cultura de vainilla.

A la mitad del acto mis dientes están casi congelados, mi lengua no puede soportar mayor placer, mis ojos se nublan seguramente por las posibles lágrimas de emoción contenidas. Ahora puedo voltear a mi alrededor y sonreír maliciosamente observando a la gente desdichada, falta de este placer supremo.

La idea de pensar en que momento se acabara mi dicha y desesperadamente tendré que hurgar en mis bolsillos buscando monedas para exigirle al heladero que dé la segunda estocada a ese pote lleno de radiante y blanquísima vainilla aromática, me atrapa cuando ya el cono esta por desaparecer y no existe ni rastro de vainilla sobre el. Si encuentro mas dinero puedo continuar hasta el hartazgo.




Si por alguna razón me gaste dinero de más en la compra de este placer y me llegara a faltar para otras cosas, igual sonrió por la resaca con sabor a vainilla que llevo en la boca y se nota en mi sonrisa.

Mi adicción ha llegado a sus limites alguna vez trate de sobornar a una tímida chica para que me aumentara la ración, he sonreído coquetamente con señoras sin gracia y bigotonas con el mismo fin, he correteado a un heladero tres cuadras, una vez le dije a un niño que se le iban a caer los dientes si se comía el ultimo helado de la tienda incluso he intercambiado prendas de vestir por unos cuantos conos llenos de ese fabuloso manjar.

He intentado, fallidamente, conseguir mas de una novia invitándola a tomar helados pero creo que mi ritual me abstrae tanto que las asusta o en todo caso mi sonrisa idiota las espanta tumbando cualquier imagen positiva que tengan de mi. Es por eso que decidí y aprendí que hay placeres que se disfrutan solo y no es necesario tener alguien a tu lado para saborear un buen helado de vainilla.

1 comentario:

jime500 dijo...

bien escrito! el mejor de los heroes, que en tantas hazañas rescantan el alma, ligeramente dulce, y le dan la mejor forma cobarde de la vida confundiendo los anhelos de un corazon de vainilla!